Juan Cardosa

Juan Cardosa y el monstruo mutante de Tristan Tzara.

El collage no es posible sin medios de reproducción mecánica ya que se nutre de ellos para generar nuevas imágenes, que son mucho más la suma de las partes. Tal como decían los surrealistas: El azaroso encuentro entre una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de autopsias. El hecho de trabajar con imágenes preexistentes le confiere la facultad como al doctor Frankenstein de dar vida a despojos usados. Esa segunda vida, nunca será como la anterior, habrá algo falso en ella, pero justamente de ese artificio surgen nuevas lecturas, no exentas de una cierta necrofilia visual. Quizás por eso a los amantes del collage les gusta trabajar con imágenes pretéritas, revistas antiguas, viejas publicidades, anacrónicas ilustraciones.

 

En el trabajo de Juan Cardosa hay todas esas capas de lectura y toda esa historia grotesca, paralela al Arte serio. Hay mucho de todo eso pero hay más. Cardosa no entiende el collage como un fin sino, simplemente, como una herramienta expresiva que le ayuda a construir lo que el mejor sabe hacer, un híbrido entre la poesía visual y el humor gráfico. Es ahí donde su potencial es más evidente. Hablando con él, siempre sorprende la rapidez mental para encontrar una bis cómica a cualquier frase, cualquier situación. Ese ingenio, a caballo de Joan Brossa y Saul Steinberg, hace que cualquier material que pasa por sus manos adquiera una dimensión sutil y esperpéntica al mismo tiempo.

 

La obra de Cardosa nos muestra, a modo de diario, los impactos visuales recibidos, recuerdos que han quedado estratificados en su retina y nos sumerge en su peculiar mundo onírico, donde el orden se desmorona para dar paso a un desfile de personajes y situaciones que harían las delicias de Tristan Tzara pero también de Mary Shelley. Monstruos de papel creados por capas de imágenes superpuestas y de flashes de ingenio sin destilar, en bruto. Esperpentos con algo de Godzillas de juguete y algo de origamis descastados. El resultado es directo, incluso áspero en ocasiones, pero siempre capaz de arrancar una sonrisa y dejarnos con la duda de en qué punto acaba el chiste y en qué punto empieza la obra gráfica.

 Oscar Guayabero 

 

@juancardosa

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